Les comparto un texto actualizado de las humildes palabras que escribí para la Juventud Radical Arturo Illia el año pasado, a fin de recordar con solemnidad lo que significa para mí (como militante político) la desaparición física del viejo Alfonsín...
Resulta difícil
resumir en breves palabras lo que significó el Dr. Raúl Alfonsín para el
radicalismo y, mucho más aún, para la Nación Argentina. No podemos –
ni queremos – escapar del legado que el Padre de la Democracia dejó para
cada uno de nosotros.
Es que, este pro
hombre, hace recién 4 años que selló su destino, quedando grabado de manera
indeleble en la memoria de todos, y bautizándonos como los herederos de su
historia y de su nombre.
Como militante
político, podemos destacar algunos de los hechos más notorios en los que
participó, tales como el rechazo expreso a la lucha armada y el llamado a
elecciones libres y sin proscripciones durante la mal denominada Revolución
Argentina; la fundación de la Asamblea
Permanente por los Derechos Humanos en 1975, en contra de las
actividades que llevaba adelante la Alianza Anticomunista
Argentina; la defensa de militantes opositores al régimen dictatorial
establecido por la Junta
Militar durante el Proceso de Reorganización Nacional, y la
presentación de habeas corpus por los detenidos y desaparecidos, a costa de su
propia vida, y denunciando esta masiva violación de los Derechos Humanos
alrededor de todo el mundo; en 1982, encabezó la oposición a las acciones
militares en el Atlántico Sur, que desembocaron en la Guerra de Malvinas,
pregonando que éstas significarían el fortalecimiento de la dictadura.
Desde su arribo a la Presidencia de la Nación con un 51,7%, su
gobierno enfrentó dos grandes problemas: la consolidación de la democracia (tanto
en la difusión de la misma a los actores de la sociedad, como también en la
relación con las Fuerzas Armadas), y el condicionamiento producido por la
incipiente inflación y la crisis de la deuda producida por la dictadura.
El fortalecimiento
de un Estado de Derecho implicaba la resolución de los problemas de manera
pacífica, ordenada, transparente y equitativa. Quizás el gran problema que
atravesó su gestión fue el resultado de ponderar los problemas políticos por
encima de los económicos. Se fomentó la libertad de expresión y de opinión, se
buscó la participación de la civilidad, el pluralismo y el rechazo a los
fundamentalismos dogmáticos; se realizó un programa de alfabetización masiva,
la eliminación de la censura en actividades artísticas, el sistema universitario
y científico fue reformado, los intelectuales exiliados fueron repatriados,
ocupando medios de comunicación y cargos políticos como asesores o funcionarios
técnicos; se promovió la ley de divorcio vincular y la patria potestad
compartida.
A sólo cinco días
de asumir como Presidente, sancionó los decretos 157/83 y 158/83, en los que se
ordenaba enjuiciar a los líderes guerrilleros de las agrupaciones Montoneros y
ERP, como así también el procesamiento a las tres Juntas Militares que
gobernaron entre 1976 y 1983. El mismo día, ordenó la creación de la Comisión Nacional
sobre la Desaparición
de Personas, integrada por destacadas personalidades independientes, como
Ernesto Sábato, Magdalena Ruiz Guiñazú y Graciela Fernández Meijide, cuya
exhaustiva investigación le fue entregada bajo el sempiterno título de “Nunca
Más”. Declaró la nulidad de la Ley
de Autoamnistía, promulgada por los militares. Esta etapa constituyó un hecho
sin precedentes en el mundo, en contraste con las transiciones que por aquellos
años atravesaron países como Uruguay, Chile, Brasil, España, Portugal, y
Sudáfrica.
La sanción de la Ley de Punto Final, entendida
en el contexto temporal, fue un freno al descontento generalizado en las
Fuerzas Armadas, e impuso un plazo corto para el procesamiento de los acusados
por delitos de lesa humanidad cometidos durante los años oscuros de la
dictadura militar. Por su parte, la
Ley de Obediencia Debida supuso la colocación de paños fríos
a los ánimos de algunos grupos militares, que habían levantado sus armas en
Campo de Mayo, la Semana
Santa de 1987, situación en la que él mismo intervino
valientemente, esquivando balas para negociar la rendición sin concesiones a
los insurrectos. Aunque la tensión militar mantuvo en vilo a la gente, Alfonsín
supo enfrentar el permanente estado de insubordinación de las Fuerzas Armadas,
latente en los dos levantamientos siguientes, ambos en 1988.
No podemos dejar de
destacar la política económica nacionalista clásica del radicalismo, fórmula
que había dado resultados durante el gobierno del Dr. Arturo Illia, pero que
encontró fuertes inconvenientes a mitad de los ’80: la inflación devoró
ferozmente el creciente salario real. El conocido Plan Austral funcionó bien en
sus comienzos, ya que logró frenar la especulación, pero la inflación volvió a
mostrar una tendencia ascendente, que junto con la caída de los precios de los
productos de exportación forzaron una reforma económica estructural, ya que el
desfinanciamiento del Estado era un mal crónico. Este nuevo plan de
flexibilización encontró fuerte oposición en el Congreso, principalmente en el
peronismo. Cabe destacar que estas transformaciones, poco después las llevó
adelante el menemismo durante los ’90. Es importante también mencionar que a
pesar de la fuerte crisis, sin dudas, el legado económico perdurable más
importante de Alfonsín fue la integración regional con Brasil, Paraguay y
Uruguay, en lo que posteriormente dio origen al MERCOSUR.
En cuanto a la
participación de la sociedad y legitimación de la institucionalidad, se destaca
la consulta popular no vinculante y el acuerdo entre partidos políticos con
motivo del conflicto por la soberanía de las islas con Chile, tras la mediación
de El Vaticano, y resultando en la firma de un Tratado de Paz y Amistad con el
país vecino.
Los datos
intercensales entre 1980 y 1991 indican que el analfabetismo se redujo de 6,1 a 3,7% tras la
implementación del Plan Nacional de Alfabetización, luego premiado por la UNESCO. Las universidades
fueron reorganizadas bajo los principios reformistas, garantizando la autonomía
plena, el cogobierno y la gratuidad.
Enfrentó el hambre
y la pobreza con el Plan Alimentario Nacional, consistente en la distribución
de cajas de alimentos a través de los municipios. Esta iniciativa fue reproducida
después en otros países latinoamericanos.
En el año 1985,
restableció un derecho vapuleado históricamente y reclamado por las mujeres: la
patria potestad compartida. Significó un avance más contra sectores
conservadores que priorizaban al cónyuge varón dentro de la familia. En 1987, a pesar de la fuerte
presión de la Iglesia Católica ,
se promulgó el divorcio vincular, que suponía la anulación del matrimonio para
más de 3 millones de argentinos que no podían volver a casarse.
En el ámbito
laboral, fue marcado el enfrentamiento entre el sindicalismo y el gobierno de
Alfonsín, y como prueba de ello basta con mencionar los 13 paros generales
organizados por la CGT. Aún
así, preservó el poder de fijar los salarios en manos del Estado. La inclusión
de dirigentes gremiales en su gestión en 1988 derivó en la sanción de una nueva
Ley Sindical con el apoyo de todos los sindicatos y el Congreso.
Alejado ya de la Presidencia , se
mantuvo activo en como militante, comprendiendo la necesidad de tener nuevos
enfoques frente al proceso de globalización en el plano internacional, y a la
profundización de las políticas económicas liberales del menemismo.
La concreción del
Pacto de Olivos supuso una gesta patriótica mediante la cual se acordó la
reforma de la Constitución Nacional
pero estableciendo pautas básicas, como permitir la reelección presidencial,
pero el acortamiento del mandato; la incorporación de un senador por la
minoría; se introdujo la figura del Jefe de Gabinete y la creación del Consejo
de la Magistratura ,
a fin de atenuar el presidencialismo; y se incluyeron derechos antes no
garantizados.
Posteriormente, en
1996, encargado de las Relaciones Internacionales del partido, consiguió la
incorporación de la Unión Cívica
Radical como miembro pleno de la Internacional
Socialista.
En tiempos de la
tristemente recordada Alianza, jugó un rol fundamental en la fundación de la
misma, dando a luz una cultura aliancista programática con fuertes caracteres
socialdemócratas. Si bien mantuvo un papel importante como intermediario entre
las fuerzas políticas a fin de preservar la unidad de la coalición, el acercamiento
del Presidente De La Rúa
hacia sectores más conservadores, terminó por distanciarlo del gobierno.
Finalmente, tras una
ardua guerra contra el cáncer de pulmón, a los 82 años el Dr. Raúl Alfonsín
falleció.
Más de 80 mil
personas hicieron fila para poder rendirle homenaje a sus restos, velados en el
Congreso Nacional, y para ser llevados a la bóveda de los caídos en la Revolución del Parque,
en el Cementerio de la
Recoleta.
Desde allí, donde
en un mármol reza un fragmento del Preámbulo de la Constitución Nacional ,
la memoria de Alfonsín ilumina el pensamiento y la acción de quienes militamos,
y que, en nuestro afán de progreso, encontramos en ella la esencia del ser
radical.-

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